Las dos caras de la misma moneda: por qué no vuelvo a Equo

Hace unos días, coincidiendo con el aniversario de mi baja de Equo como simpatizante, unos amigos de este partido me pedían que me reafiliara a Equo y no entendían mi negativa a adoptar esta decisión. Dicen que hay posibilidades de renovaciones en los altos cargos, con la entrada de otras personas tras la próxima votación de su Comisión Ejecutiva Federal (CEF). Consideran, con toda legitimidad, que esas otras personas pueden cambiar la situación anquilosada del partido. Sin embargo, mi punto de vista, quizás por tener otra perspectiva al estar fuera de Equo, es muy distinto; y os lo traigo a mi blog por si pudiera interesar a alguien de Equo o a la gente que le gusta la política, tan sólo para que se reflexione.

marchito girasol

Antes de entrar en cuestiones de gran calado, reconozco abiertamente que no encuentro el sentido de volver a un partido tan sólo para votar a una determinada gente. Esta gente me dice que debo apoyarles con mi voto porque estoy en su misma onda. Este argumento es lógico. Pero entonces me surge la reflexión de que, si estamos en la misma onda, por qué esta gente no ha apoyado movimientos internos en los que se pretendía llevar al conjunto de Equo hacia esa onda. No hicieron nada. Se nos dejó a nuestra suerte sin apoyo alguno. Es más, ahora entrando en un caso personal, tampoco nadie de esta gente me apoyó, ni se preocupó por mí, cuando desde la cúpula de Equo Madrid me purgaron como enlace de este partido en la Coordinadora de Ganemos Madrid, además para no sustituirme por nadie (esta cúpula quería que el partido abandonara Ganemos Madrid con el fin de aproximarse a Podemos sin consultarlo previamente a la afiliación; es una larga historia, por lo que si alguien le interesa, se la cuento en persona). En definitiva, no recibimos apoyo. No suscitamos interés. Y al final nos hemos ido yendo, uno a uno, por goteo. Conclusión: parece que sólo se acuerdan de determinadas personas cuando quieren su voto.

El verdadero y gran motivo de que no vuelva a Equo es que no veo ninguna perspectiva de cambio en las dinámicas del partido. No es porque no crea que pueda haber sustituciones en la CEF; es bastante plausible que ocurran. Es porque, desde fuera, estoy viendo que las dos facciones de Equo, la juantxista y la rosista, son casi idénticas. Las características que detecto a favor de esta asimilación son las siguientes:

  • Ambas facciones no tienen un proyecto de partido y se limitan a declaran que son más ecologistas que nadie. Prácticamente con los mismos argumentos y las mismas palabras se auto-arrogan el pedigrí ecologista y no proponen nada en negro sobre blanco para cambiar el partido.
  • Ambas facciones olvidan muy a menudo la pata social del ecologismo y sólo se preocupan por la pata medioambiental. Por poner un ejemplo reciente, en la última sesión del Congreso se ha aprobado tanto bajar el IVA veterinario como derogar la ley de educación retrógrada del PP, la LOMCE. Resulta que en las redes sociales las personas de ambas facciones sólo han difundido la primera medida, que está muy bien y es importante; ninguna facción de Equo se ha dado cuenta de que defender la educación pública de calidad es también ecologismo.
  • Ambas facciones se quedan al límite de cruzar las líneas rojas de las normas internas, si es que no las cruzan. Por un lado, los juantxistas han reinterpretado los Estatutos de Equo para que López de Uralde se pueda volver a presentar a coportavoz del partido, a pesar de que en un principio había alcanzado el límite máximo de mandatos. Por el otro lado, los rosistas están contactando con las personas que se han dado de baja del partido y consideran afines, como me ha ocurrido y ya os he contado, para que se reafilien y así se les meta en el censo de votación de la CEF al momento límite de su cierre. Ambas actuaciones pueden estar ajustadas a la normativa, pero no parecen éticas.
  • Ambas facciones se encuentran muy cómodas en que Equo esté supeditado a Podemos. Tanto López de Uralde como Martínez hicieron campaña para que Equo abandonara Ahora en Común, espacio de confluencia, y negociara con Podemos para las elecciones del año pasado. Ninguna de las facciones parece interesada en que se disasocie la imagen de Equo a la de Podemos (véase cartelería de actos cotidianas en redes sociales) y en que Equo pueda diverger de las líneas estratégicas de Podemos (a diferencia de IU, Equo no tiene voz propia en Unidos Podemos). De hecho, parece que ambas facciones se llevan mejor con Podemos que entre sí; y aún más llama la atención que ambas facciones están alineadas con el mismo sector de Podemos, el errejonista. Al fin y al cabo, los puestos políticos que ostentan ambas facciones en las instituciones es gracias a Podemos; le deben fidelidad, tanto a nivel de partido como a nivel personal.

¿Entonces a qué se está asistiendo en Equo? A una simple lucha de poder. No es tan hardcore como en el PSOE ni tampoco tiene tanta repercusión mediática como la del partido de Susana Díaz, por el tamaño mucho más pequeño de Equo y por su más pequeña presencia en las instituciones; pero, al fin y al cabo, es una lucha de poder. Así pues, Equo se convierte en un partido más como todos los demás. En todos ellos hay bandos enfrentados por su cuota de poder (en el caso de Equo, “cuotita” de poder).

¿Qué podría diferenciar a Equo? Lo que me hizo creer que Equo no era un partido, sino el partido anti-partido, y por eso me apunté a él en 2011: el ASAMBLEARISMO. El asamblearismo, u horizontalidad, consiste en la eliminación de las jerarquías tradicionales de los partidos y en su sustitución por asambleas, tanto presenciales como virtuales. Es la transformación de las Ejecutivas en simples órganos gestores de actividad cotidiana, es la sustitución de jefes de cuadros por simples dinamizadores sin poder alguno, y es la limitación de las funciones de los líderes, que se convierten en portavoces. En cuanto a esto último, no vale que al líder se le llame “portavoz” y luego tenga todas las atribuciones de autoridad de un tradicional Secretario General o Presidente. Tomando escrupulosamente la semántica de la palabra “portavoz” esta persona tan sólo debe transmitir al exterior de la organización las decisiones adoptadas por las asambleas; debe, ni más ni menos, que “portar la voz”.

Sorprende que Equo, un partido que se define como ecologista, haya renunciado al asamblearismo, al poco que tuvo. Sorprende; porque el asamblearismo es un elemento consustancial al movimiento ecologista, tanto en su vertiente social como política. Ninguna de las dos facciones de Equo presenta un proyecto de partido que incluya la horizontalidad (directamente no presentan un proyecto de partido); por eso me reafirmo en que dentro de Equo lo único que hay es una lucha de poder entre unas personas que se llevan mal por lo que se dijeron o se hicieron. No hay sustancia ni trasfondo ideológico detrás de este enfrentamiento: sólo hay “cuotitas” de poder.

Por todo esto no vuelvo a Equo. Aun así, sigo haciendo política, ya que colaboro en Ahora Madrid, donde existen espacios de asamblearismo. Es un asamblearismo muy mejorable, pero al menos hay algo de él. Me podrán argumentar que, a diferencia de Ahora Madrid, en Equo hay ecologismo. Ante esto respondo: “primero, no hay ecologismo sin asamblearismo y, segundo, me llama mucho la atención la cantidad de gente asamblearista de Ahora Madrid que es altamente receptiva al ecologismo; son mucho más ecologistas que bastante gente que he conocido cuando estuve en Equo; y, lo que es más interesante, esta gente ecologista de Ahora Madrid no es consciente de que es ecologista, porque las propuestas ecologistas las ven como cosas totalmente lógicas y normales”. Así pues, como vocal vecino de Ahora Madrid en el distrito de Latina estoy logrando que se lleven a efecto medidas ecologistas, gracias a la colaboración y la buena sintonía entre compañeras y compañeros. Por poner un ejemplo de la faceta medioambiental del ecologismo, recientemente se ha aprobado que en las próximas Fiestas de Aluche, en vez de vasos desechables, habrá vasos reutilizables. Podrá parecer una pequeña cosa; pero ya se sabe el dicho: “piensa global, actúa local”.

En definitiva, yo sigo haciendo política ecologista en Ahora Madrid, espacio de confluencia, a la espera de que, aunque de momento no esté a la vista, alguna vez surja el partido anti-partido, asamblearista y horizontal. Y ahora os tengo que dejar porque me voy a poner a pensar cómo me las ingenio para convencer a la gente de Ahora Madrid Latina para que propongamos al Comisionado de Memoria Histórica que una de las calles franquistas de mi distrito se renombre “Petra Kelly”. 😉

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